CRÍA OJOS Y TE SACARÁN LOS CUERVOS

A Miroslava Breach, Javier Valdez, y quienes han caído por ayudarnos a ver.

“…tú, pa’ abajo no sabes mirar.”

(José Alfredo Jiménez)

Si queremos evitar la catástrofe, tenemos que cambiar la manera de cambiar.

Eso implica, de entrada, cambiar nuestro enfoque de las cosas, y la manera en que vemos los procesos sociales y políticos. Acostumbramos analizar las cosas a partir de los tejes y manejes de los poderosos, olvidando que si tienen algún poder, éste viene de abajo: de la gente a la cual explotan, manipulan, controlan, oprimen, utilizan, reprimen y finalmente eliminan. No solo en México, obviamente. El proceso es mundial.

Lo que vemos arriba son las puntas del iceberg, y el sentido profundo de las cosas se esconde bajo la superficie de las aguas que vemos cada vez más turbulentas y turbias, de “sangre, sudor y lágrimas”, diría aquél. Los procesos económicos, el mecanismo ecológico (que nos recuerda con este calor de infierno el crimen que es la explotación irracional del medio ambiente), la dinámica de los sectores sociales en sus inercias y sus movimientos, la articulación compleja de los aspectos ideológicos y culturales en lo histórico y lo cotidiano, se nos presentan por retazos, a menudo difícilmente comprensibles.

Esa dificultad de percepción y comprensión es fomentada por los propios aparatos ideológicos del Estado, especialmente los medios de difusión masiva. Mientras más de manipule y parcialice la información, mientras menos se comprendan los procesos, más fácil es el control político social.

Un aspecto básico de la Guerra de Baja Intensidad, esa que no se ve porque se da todo el tiempo y en todas partes, es la formación de opinión social a partir del martilleo insistente de clichés, verdades a medias, mentiras verosímiles, versiones adecuadas a los intereses del sistema, zonas de confort ideológico basadas en la manipulación de las emociones y los prejuicios, e incluso la propagación sistemática de un cinismo útil: “todos mienten, toda versión oculta algo, no hay en qué o quién confiar, no queda más que seguir la corriente para sobrevivir”. Masificación programada.

El asesinato de periodistas en México es prueba del poder de la información y del miedo que el gobierno tiene a una población bien informada. Lo más amargo es que la sociedad civil no retome a fondo el fruto de la labor de quienes cayeron por informarla. No solo hay que exigir, como es de justicia, respeto a la labor periodística y garantías de seguridad para la vida de quienes la ejercen. Se trata de que aquello que informaron sirva realmente para la toma de conciencia, el empoderamiento y la movilización eficaz de la sociedad civil. Procesar su legado, y ejercerlo.

Aprendamos a ver y entender también hacia otro abajo y hacia al lado, y de manera distinta. El asesinato de los hermanos Vázquez, activistas por los derechos de los wixárika, se suma a la larga lista de luchadores indígenas asesinados y tiene el mismo fondo y el mismo sentido que el asesinato de periodistas: la defensa a toda costa, por parte del cancerbero capital-gobierno-sicariato, del modelo económico extractivista y depredador, con todas sus consecuencias sociales y ambientales. Mientras no entendamos que la resistencia de las comunidades indígenas, de las mujeres contra la violencia, de las y los ecologistas, de las y los trabajadores, etc., es de todas y de todos, es la lucha por la vida del planeta y de la humanidad, seguiremos pensando que la solución será que “los buenos ganen ahora sí” en 2018, e ilusiones parecidas. Es una forma de seguir viendo hacia el cielo esperando milagros, dejando que quienes enfrentan al monstruo en el aquí y el ahora por la defensa de la vida se sigan desangrando en soledad.

Mirar hacia el lado, hacia el prójimo, hacia ese rostro/espejo que nos identifica y enriquece en la diversidad, reconocer como nuestras sus luchas, es empezar a nacer de nuevo. A ser y hacer. A tomar el lugar que nos toca.

https://www.youtube.com/watch?v=5Hgu_33i6OQ

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