Etiquetas

, ,

Y me desmintió el camino
lo que en la escuela aprendiera:
no era cierto que mi patria
terminara en la frontera.
En cambio, es cierto que al hombre
lo separan con banderas.”
(Roberto Darwin, Uruguay
Entre Trumpayasadas y Peñejadas, una ola de nacionalismo se ha desatado en ambos lados de la frontera norte, en tonos que van desde el chauvinismo romántico hasta el autorregaño que pretende estimular, y desde el enfoque reflexivo (auto)crítico hasta tintes mistificantes de “lo nuestro” con resabios fascistas.
El llamado a la unidad es una farsa cuando viene del gobierno entreguista y los empresarios voraces. Los responsables del saqueo, la explotación y la represión canalizan siempre el descontento social buscando en otro lado a los culpables. Son iguales a Trump, que encauza el descontento estadounidense ante su crisis, contra los migrantes, sus chivos expiatorios.
Charlie Slim, beneficiario de la corrupción salinista y de la explotación de miles de trabajadores en México y otros países, es claro cuando indica que al final la lógica de los negocios regirá las relaciones con el empresario Trump, quien dice lo mismo. Los de arriba, que están ahí porque suben pisando a muchos, tarde o temprano se entienden siempre entre ellos, en tanto fomentan que los de abajo nos odiemos entre nosotros: divide y vencerás. Para eso son las fronteras.

La Primera Guerra Mundial estuvo hecha de ese nacionalismo manipulado desde arriba para que se mataran los de abajo. Sobre millones de cadáveres, los de arriba se repartieron el botín resultante, dando origen a la Segunda Guerra Mundial, preparada por sus ambiciones y, de nuevo, por la manipulación de los nacionalismos de los desesperadas, hambrientas, explotadas y desempleadas de abajo, con discursos y simbolismos inquietantemente parecidos a muchos que hoy están de moda. Abajo compartimos el hambre y el dolor. Arriba se reparten las ganancias.
La trampa es hacer creer a los trabajadores, pequeños empresarios, profesionales, burócratas, incluso desempleados y subempleados, que comparten sus mismos intereses y valores, con el señuelo de “el éxito en base al trabajo duro”.  Su unidad nacional encubre la explotación, la corrupción y la destrucción internacional que propician.
Por suerte, a contrapelo del atraso político que aún caracteriza en mucho a nuestra sociedad, se van multiplicando las voces críticas. La gente no es idiota, aunque traten de hacerla, y entre la confusión aplastantemente promovida, cada vez más gente se da cuenta y aprende a identificar y diferenciar. En ello es útil el ejercicio de la investigación y la memoria.
Slim llama a la unidad: ¿cuántas comunidades está destruyendo con la minería a cielo abierto? Hay quien llama a diversificar las inversiones en el país: ¿tenemos claro el papel criminal de las mineras canadienses, la banca española, el comercio alemán de armas usadas para la represión en México, la participación de capitales rusos en la trata de drogas, armas y personas, el papel del corrupto capital y gobierno chinos en el contrabando de metales, aguacate, maderas, y su secuela de muerte y desolación en manos de sicarios?  “Bienvenida AUDI”, dicen. ¿Sabemos que el ex góbernador poblano le entregó tierras en bandeja de plata, destruyendo una excelente región agrícola y sus mantos acuíferos? “Compremos en Soriana”, ¿la de las tarjetas del fraude a favor de EPN? “Deposita en HSBC”, ¿los herederos históricos de las ganancias de la Guerra del Opio?
Finalmente y sobre todo, ¿con quién nos identificamos? ¿Con los explotadores que no tienen más patria que sus ganancias, o con los trabajadores que luchan? ¿Seguimos creyendo que el capitalismo es necesario e inevitable? Paradójicamente, Trump es producto de la globalización: su cierre de fronteras lo erige en carcelero mayor, preso en su propia cárcel. No solo él enfrentará la resistencia, que también es global y crece por todas partes. Sin fronteras.
Anuncios