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“…impedir a tiempo (…) que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso. (…) Viví en el monstruo, y le conozco las entrañas;— y mi honda es la de David.

(José Martí)
De confirmarse la noticia,  el próximo sábado 28 de este mes, Félix Ismael Rodriguez Medigutía, ex – agente (¿?) de la CIA, estará en la Ciudad de México en un acto organizado por  el Círculo Cubano, en homenaje al natalicio, ni más ni menos, de José Martí.
En tiempos de debacle nacional y furia popular, ¿qué importancia tiene hablar de esto?
Veamos esto: “El ex oficial alcanzó en la CIA el grado de coronel y fue condecorado en esa agencia. Inició su carrera de operativo contrarrevolucionario en 1960, al ingresar en la Legión Anticomunista del Caribe, fundada en la República Dominicana por el dictador Rafael Leónidas Trujillo, para llevar a cabo la derrotada invasión Cubana, y se proponía acabar con la revolución cubana y asesinar al comandante Fidel Castro. Fue reclutado a finales de ese año por la CIA y en febrero de 1961 realizó su primera misión de infiltración en Cuba. Más tarde participó en la invasión de Playa Girón en 1961 como parte del selecto grupo Operación 40, del que formaban parte, entre otros, Jorge Mas Canosa y Luis Posada Carriles.” (La Jornada, Lunes 23 de enero de 2017, p. 12) Como asesor del ejército boliviano, se presume que ordenó la muerte de Ernesto Guevara (el “Ché”), en 1967.
A este currículum hay que agregar su participación directa en el Operativo “Fénix” en Vietnam (“neutralización” de las redes de apoyo de la guerrilla vientamita), el Operativo “Cóndor” en Sudamérica (lo mismo, contra militantes izquierdistas latinoamericanos) y el escándalo Irán-Contras: venta de armas al régimen iraní para financiar a la contrarrevolución nicaragüense, operación financiada y apoyada logísticamente por narcotraficantes mexicanos y colombianos, operada por la CIA, caso en donde se le señala como asesino del agente de la DEA Enrique Camarena, en 1985, para encubrir información.
¿Es casualidad la presencia de alguien así, en nuestro país, y en estos tiempos? No.
Independientemente de su historia y condición actual como persona, Rodríguez es un símbolo de la contrainsurgencia organizada desde USA, de la falta de escrúpulos del gobierno yanqui en actuar turbiamente cuando se trata de sus intereses, y de su injerencia permanente en Latinoamérica y el mundo. Pero además, es señal preocupante de la ofensiva continua de la derecha en México, de sus nexos internacionales y del papel estratégico fundamental que USA le asigna a nuestro país.
Sabemos que los halcones jamás se fueron de la Casa Blanca (la de allá, además de su presencia en “la de acá”). Cambian los modos, los estilos, los detalles circunstanciales de la política del imperio, pero se mantiene históricamente su designio fundamental: el dominio de todo el continente americano, como eje de su ambición de dominio planetario. Trump, y sus trumpadas, son la expresión actual del mecanismo.
Sin duda, la derecha “nacional” (cuyos lazos internacionales y su utilización por el imperio están más que documentados desde hace mucho tiempo), pescando en río revuelto, ve en el ascenso del neofascismo trumpiano una oportunidad de oro para volver a la carga por el gobierno federal, para el 2018. Pese a las “nacionalistas” declaraciones hipócritas de sus más connotados voceros (demagogia electorera), los hilos que los mueven están bien afianzados en manos del capital trasnacional, y sus bravuconadas de “entonces nos volveremos hacia el capital europeo, asiático, etc.” son para cotizarse más ante el gobierno yanqui, y/o ante el mejor postor. No se puede menospreciar a esa ultraderecha, “mexicana” e internacional, históricamente al acecho.
¿Por qué insistir en recordar lo que históricamente han hecho los imperios para dominarnos, literalmente, a sangre y fuego? Porque no podemos darnos el lujo de olvidar, pues desde la memoria, desde la tarea de desentrañar los hilos de la dominación, es donde podemos aprender las lecciones y construir, como pueblos, estrategias hacia la liberación definitiva. Verdaderamente, en honor a Martí.
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