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El Presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump y el hombre más acaudalado de México –y uno de los más ricos a nivel mundial-, Carlos Slim, se reunieron en una cena privada celebrada en Palm Beach, Florida, en la que los dos personajes presumiblemente hablaron sobre asuntos comerciales y económicos.

Este encuentro llama la atención, considerando que meses atrás, durante la contienda electoral que se desarrolló en el vecino país del norte, Trump acusó a Slim de conspirar en su contra para favorecer a la  demócrata Hillary Rodham Clinton, señalando a periodistas de medios como The New York Times, a quienes llamó “paleros” y “cabilderos” del magnate mexicano.

Slim, por su parte, en junio de 2015 criticó a Trump e incluso canceló contratos para un programa de televisión que la empresa Ora TV –propiedad de Slim y Larry King- estaba desarrollando con empresas del republicano. Esta medida la tomó el mexicano en represalia por los comentarios racistas y xenófobos del polémico neoyorquino. Meses más tarde, en víspera de las elecciones presidenciales, Slim criticó las medidas económicas propuestas por Trump, en particular, la pretensión del republicano, de imponer altos aranceles al comercio con México y otros países. Entre otras cosas, Slim afirmó que las pretensiones proteccionistas de Trump destrozarían la economía de esa nación y de aquellas que tienen fuertes vínculos comerciales con los estadunidenses. Sin pelos en la lengua, Slim, quien emitió estas opiniones en una entrevista para el diario español El País, concluyó su visión sobre Trump con las siguientes palabras: “no es lo mismo ser cantinero que ser borracho.”

Pues bien, a pesar de los comentarios emitidos por cada uno de estos personajes, la reunión, según lo expresó el mismo Trump, fue cordial. No sólo eso: el Presidente electo se refirió a Slim como “un hombre maravilloso… un gran tipo.” Atrás quedaron las descalificaciones y acusaciones mutuas. Sólo resta saber por qué.

Para comenzar, es difícil imaginar que alguien, por más influyente que éste sea-Donald Trump apareció en el segundo lugar, detrás del Presidente de Rusia Valdímir Putin, en la lista de Forbes de los personajes más poderosos del mundo- pueda mantenerse en malos términos con uno de los personajes más ricos del planeta. Pero más importante es destacar que ambos, Trump y Slim, son empresarios y que el segundo es, a todas luces, más visionario y próspero, en términos económicos, que el primero –con todo y que en la misma lista de Forbes, Slim aparece en la 17ª posición.

Estados Unidos es un país que no tiene amigos, sino intereses. En ese tenor, a pesar de los desencuentros previos entre Trump y Slim, es evidente que ambos hablan un mismo lenguaje –el de los negocios- y, no sobra decir, tienen, por lo mismo, muchas afinidades.

Trump es un empresario que acuñó como lema de campaña Make America Great Again –o bien “hagamos a Estados Unidos grande otra vez.” En su visión sobre lo que se debe hacer para cumplir con ese objetivo, Trump ha adoptado una postura proteccionista, una cerrazón ante la incertidumbre mundial y de cara a lo que percibe como un entorno económico volátil. La idea del republicano consiste en denunciar los tratados comerciales que EEUU tiene suscritos con diversos países, además de, como ya se dijo, implantar altos aranceles a los productos procedentes de aquellas naciones con las que Washington mantiene un déficit comercial considerable, por ejemplo, la República Popular China y claro, México –aunque el déficit de los estadunidenses en su comercio con los mexicanos ha disminuido sustancialmente en los últimos años.

El proteccionismo es también algo que le gusta Carlos Slim, en particular para evitar la competencia en México –y posiblemente en otros lugares- que enfrentan sus empresas de parte de otras. A principios del presente siglo, Slim enfrentó acusaciones por prácticas monopólicas en el sector de las telecomunicaciones, mismas que fueron investigadas tanto por el Departamento de Comercio de Estados Unidos, como por la misma Organización Mundial del Comercio (OMC). En aquellos años se hablaba de una alianza entre Slim y Vicente Fox, a la sazón, Presidente de México, para privilegiar a las empresas de telecomunicaciones del magnate mexicano ante proveedores internacionales. Si bien Slim negó una y otra vez esta “alianza estratégica” con Fox –quien, por cierto, también es empresario y dirigió a la Coca-Cola en México- en beneficio mutuo –es decir, Slim apoyaría a Fox a cambio de concesiones que favorecerían a los consorcios del empresario mexicano-, las investigaciones efectuadas por distintas entidades tanto gubernamentales como internacionales, encontraron prácticas monopólicas en beneficio de Teléfonos de México (TELMEX).

Como se recordará, en 2002 el gobierno estadounidense recurrió a la OMC para que analizara el problema, razón por la que el organismo internacional creó un panel de expertos, cuyas principales conclusiones fueron:

1) que TELMEX es un importante proveedor –major supplier- en el mercado mexicano con una posición dominante en el ramo de las telecomunicaciones;

2) que TELMEX posee un enorme poder en el mercado nacional, al tener la capacidad para incidir en la participación del mismo, sobre todo en lo referente al precio.

3) que México estaba incumpliendo sus obligaciones internacionales al no desalentar prácticas anti-competitivas por parte de un importante proveedor. La relevancia de esta disputa, misma que se resolvió de manera bilateral entre las dos naciones en 2004 –México no recurrió al órgano de apelaciones de la OMC-, estriba en que pese al predominio que aun hoy mantienen las empresas de telecomunicaciones de Carlos Slim en México –y en otras naciones, incluyendo, claro, a Estados Unidos-, existen mecanismos e instancias que podrían frenar la presencia y expansión de dichos consorcios cuando las consideraciones meramente comerciales se alejan de la concertación política.

Como muestra, baste mencionar que en el 2000, cuando se avecinaba la crisis con Estados Unidos por el control del mercado de telecomunicaciones que mantenía Slim en México, el magnate mexicano negoció con el entonces mandatario brasileño Lula Da Silva la compra de empresas de telefonía móvil para crear una compañía nacional, situación que convertiría a America Movil en la empresa más grande por número de suscriptores en Brasil, incluso muy por arriba de México. En Panamá, Slim entabló a amistad con el Presidente Martín Torrijos, aprovechando la política del gobierno panameño de impulsar las inversiones extranjeras en el país, lo que le permitió a Slim incursionar no sólo en el ramo de las telecomunicaciones, sino también en la obtención de contratos para la modernización del Canal de Panamá.

Hoy las empresas de Slim operan en un gran número de países, y si bien el mercado mexicano es de suma importancia para el empresario, lo cierto es que su preponderancia en México está cambiando tras la reforma de las telecomunicaciones. Las ganancias de America Movil cayeron en un 24 por ciento en 2015 y en un 44 por ciento en el primer semestre de 2016. Desde julio del año pasado, las acciones de la empresa decrecieron en un 39 por ciento en Wall Street.

No ayuda, ciertamente, la desaceleración que ha venido padeciendo la economía mexicana. Aunque cuando las empresas de Slim operan en diversos sectores que, además de las telecomunicaciones, incluyen el petrolero, restaurantes, construcción e infraestructura, minería, finanzas, medios de comunicación, etcétera, las expectativas de un crecimiento magro a nivel nacional ciertamente frenan los beneficios económicos deseados. Por eso es importante asegurar la presencia en otros mercados, como el estadunidense, el cual tampoco parece que tendrá un buen año en 2017, a juzgar por las predicciones del Fondo Monetario Internacional (FMI) que vaticina un crecimiento económico en el vecino país del norte de, apenas, un 1. 9 por ciento.

En Estados Unidos, Slim tiene presencia en el sector de las telecomunicaciones, tiendas y hoteles, financieras y conductores, medios de comunicación, tecnologías de la información, construcción, etcétera. A fin de asegurar sus intereses en aquella nación, Slim requiere un entendimiento con sus autoridades. Como empresario, habla el mismo idioma que Trump, y éste también entiende la importancia de las inversiones que las empresas del magnate mexicano efectúa y podría seguir llevando a cabo en la Unión Americana. Pero un punto central es el proteccionismo anunciado por Trump: a los ojos de Slim, es importante asegurar que dicho proteccionismo no lo perjudique y que, por el contrario, lo beneficie, al posibilitar sus operaciones en condiciones ventajosas respecto a posibles competidores.

Si bien la reunión entre Trump y Slim se puede leer como un gesto de acercamiento a México por parte del Presidente electo, no se debe perder de vista que para el empresario mexicano hay otras prioridades particulares. De hecho, según Trump, fue Slim quien lo buscó para reunirse y conversar con él –si hubiese sido al revés, entonces se podría efectivamente corroborar que hay la intención de arreglar las cosas con México por parte del neoyorquino.

#Ahora bien, más allá de los esfuerzos diplomáticos que realiza el gobierno mexicano para entenderse con la próxima administración estadunidense, se considera necesario el acercamiento, por otros medios, con diversas comunidades y entidades favorables a México. Entre ellas se pueden citar grupos empresariales y legisladores en quienes se buscará el apoyo para una relación bilateral menos conflictiva de lo que se vislumbra. ¿Qué tanto puede Carlos Slim contribuir a ello? Aun cuando posee la influencia para realizar gestiones en esa dirección en Estados Unidos y a los niveles más altos, la compleja relación bilateral requiere una gestión política adecuada, que favorezca no sólo al interés corporativo sino a la sociedad mexicana en su conjunto, algo que, es evidente, fue soslayado en esa cena del sábado pasado. Entre empresarios o plutócratas te veas…

María Cristina Rosas es profesora e investigadora en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México

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